Brujas, donde siempre es Navidad

Al vivir en Gante, una de las actividades obligatorias es ir a la estación de St. Pieters y coger un tren (o un autobús, opción más económica, pero más larga) en dirección a la ciudad rival gantesa: Brujas (Brugge o Bruges).

La Grand Place de Brujas
La Grand Place de Brujas

Antes de contaros qué es lo que podemos ver aquí, he de destruir la imagen mágica que tenemos de esta ciudad debido a su peculiar nombre. En realidad, no tiene nada que ver con las brujas, sino que es una “mala” traducción del flamenco “brugge”, que significa “puente”. Y es que si hay algo que a esta ciudad no le falte son precisamente canales que hay que atravesar por puentes. Desgraciadamente, ya no podemos ver todos los que había, pero se dice que adquirió este nombre porque había más puentes que calles. Para poder adaptar la ciudad a las necesidades modernas, muchos de ellos se derruyeron y se sustituyeron por calzadas por las que pueden pasar tanto peatones, como bicicletas y coches.

Una vez que llegamos a la estación de tren, nos dirigiremos al centro pasando por un parque cuyo nombre es el “Parque del amor”. La verdad es que no he investigado acerca de este curioso nombre, pero lo que sí es cierto es que, aparentemente, no existe ninguna figura ni ningún elemento que nos hagan pensar en que es un parque romántico. Pero si de lo que se trata es de llamar la atención del visitante, desde luego lo han conseguido.

Atravesando una de las calles comerciales más concurridas de la ciudad, llegaremos a la Grand Place, o plaza mayor de Brujas. Aunque seré la eterna defensora de su rival, Gante, he de admitir que esta plaza siempre me quita el aliento cuando la veo. No sólo está rodeada de pequeñas casitas escalonadas y apiñadas (clásicas hanseáticas), sino que el edificio del ayuntamiento, de estilo gótico, no tiene parangón. Miles de agujas de piedra decoran sus paredes y desde luego dotan a la plaza de una personalidad y de una belleza inigualables. P1060291

En la calle Breidelstraat veremos no sólo una infinidad de tiendas de recuerdos y de chocolaterías, sino también una tienda de la Navidad. Aquí encontraremos adornos navideños, figuritas de Belén y diversos artículos artesanales durante todo el año y, aunque algunos de los productos de la tienda no sean técnicamente belgas, es muy típico volver a casa con algún adorno de esta tienda (si es que podemos contenernos y llevarnos sólo uno). Y nuestra siguiente parada será el famosímo canal de Groenerei, presidido por el sauce llorón que baña sus ramas en el agua. Aunque parezca una trampa para turistas, es muy recomendable tomar una de las barcas que recorren el canal y en la que nos mostrarán la ciudad por el agua, igual que si estuviéramos en Venecia.

El canal de Groenerei
El canal de Groenerei

Si tenemos tiempo, hay muchas más cosas que ver en la ciudad, como los molinos, o las diferentes tiendas de confitería o de encaje de bolillos (muy típicos de la zona de Flandes). Y para terminar, por qué no premiarnos con alguna de las esquisiteces de la ciudad: un buen plato de mejillones, patatas fritas (frites, en las frituurs), o un buen gofre (atención: los originales únicamente llevan azúcar por encima, aunque los locales se adaptan a las necesidades de los turistas y los podemos pedir con Nutella o con nata montada).

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