San Sebastián: naturaleza y pintxos

Vistas de la Playa de la Concha y servidora.
Vistas de la Playa de la Concha y servidora.

Bueno, tras haber dejado momentáneamente las fronteras de la Península Ibérica, creo que es momento de volver, y esta vez emprenderemos una escapadita de fin de semana a la preciosa ciudad de San Sebastián, en el País Vasco.

Antes de continuar, pido disculpas por poner nombres en castellano, pero creo que será mejor así si queremos evitar ofender a nadie con mi pésimo nivel de euskera.

Sigamos: una de las mayores ventajas de vivir en Madrid es que todo está “a la vuelta de la esquina”. Esto se traduce en que puedes coger coche y plantarte en cualquier parte de España en unas horas. Y eso fue lo que hicimos hace unos años. ¿La motivación? Pues una como otra cualquiera: cotilleando el perfil de Facebook de una amiga, vi que ella y su novio habían pasado un fin de semana en San Sebastián, y sacaron preciosísimas fotografías de la ciudad. De modo que, tras plantearlo en casa, reservamos hotel y nos pusimos en marcha (es lo que tenemos, a la hora de viajar no es difícil convencer a nadie).

Llegamos a la ciudad a media tarde y, tras comer unos bocatas, nos fuimos a dar un paseo y, como cabe imaginar, nuestra primera parada fue la famosísima Playa de la Concha. Habiendo recorrido una parte bastante considerable de mundo, me permito comentar que es una de las playas más espectaculares que he visto. Lo primero que hicimos al llegar (tras la obligada sesión de fotos) fue irnos a ver el Peine de los Vientos de Eduardo Chillida. Entre risas y chistes llegamos y, como buena payasa, no me quedó otra que subirme… la verdad es que impone bastante, pero tiene su gracia (sobre todo yendo acompañado) y las vistas son espectaculares.P1020876

Después de esto, decidimos darnos la vuelta por el paseo y llegar al centro de la ciudad. Vistas, vistas espectaculares desde el paseo marítimo y una infinidad de fotos que sacar. En el centro, lo que más nos llamó la atención fueron el hotel María Cristina, la catedral y el puente de María Cristina. Así que nos pusimos a callejear por aquí y por allí, calles repletas de locales donde poder disfrutar de unos riquísimos pintxos y del buen ambiente que llenaba la ciudad. Como dato curioso, entramos en una farmacia en la que pude emprender un viajecito muy grato a pequeños rincones de mi infancia, ya que aquí, en una farmacia llevada por una amable señora mayor, pude encontrar un frasco de la colonia que usaba mi abuela todos los días y un botecito de vaselina para los labios de Gal con olor a violetas. Preciosos recuerdos de momentos vividos con una de mis mayores heroínas… pero en fin, sigamos con el paseo. Como somos muy aficionados a caminar, decidimos volver al hotel dando un agradable (aunque fresquito) paseo para prepararnos para el día siguiente.

P1030030El domingo por la mañana, después del desayuno, recogimos nuestras cosas y nos fuimos en coche al monte Urgull, desde el cual las vistas son más que espectaculares y un lugar que recomiendo mucho, a pesar de que esté algo retirado de la ciudad.

Y con el buen tiempo que nos acompañó durante todo el fin de semana, nos volvimos a Madrid, donde descansaríamos unos días antes de emprender nuestro siguiente viaje.

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